Edición 01/2026.- Lo que comenzó como un murmullo de descontento en el valle de San Quintín se ha transformado en un grito ensordecedor que ya resonó ante la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y la gobernadora Marina del Pilar. Mientras persiste una parálisis administrativa que parece no tener fin, el Ayuntamiento acumula perfiles que abandonan sus filas, o en su caso, intentan desertar.
Mientras que esta semana concretaron la denuncia para solicitar juicio político contra la alcaldesa MIRIAM CANO, varios de sus colaboradores prefieren saltar por la borda antes que hundirse con una administración marcada por el conflicto social. En específico, a la crisis actual se le suman las renuncias de FERNANDA MORALES RESÉNDIZ y CARLOS SÁNCHEZ LUNA, de la coordinación de Comunicación Social y la Dirección de Asuntos Jurídicos, respectivamente.
El caso de Fernanda ventiló problemáticas internas que ya eran “secreto a voces”, además de generar nueva polémica entre el círculo cercano de la alcaldesa. La ex titular de Comunicación refirió hostigamiento, violencia laboral, verbal y psicológica, sufrida presuntamente por la jefa de Presidencia, LAURA MENDOZA CORPUS. Contradictoriamente al discurso oficial de respaldo y acompañamiento, hasta el momento Laura se mantiene en el cargo e incluso, esta semana encabezó una mesa de trabajo sobre la violencia de género, sobre la cual acarrea los señalamientos previamente descritos.
Otros que recientemente intentaron desertar, pero a última hora se arrepintieron o en su caso, no les aceptaron la renuncia, son la Secretaria General CLAUDIA YVETTE ESCAMILLA; la tesorera BERTHA GARCÍA; la Oficial Mayor, YVONNE BERENICE CARAM ALBA, y el encargado de despacho de Servicios Públicos Municipales, ANDRÉS VALDEZ.
En ese contexto, resulta paradójico el silencio del Síndico «Estrella» JUAN PABLO GUERRERO GAMBOA, quien llegó al cargo con la etiqueta de ser uno de los perfiles más «progresistas» del equipo municipal y actualmente se ha convertido en el gran ausente de esta crisis. Mientras los ciudadanos señalan presuntos desvíos y una ingobernabilidad, Guerrero Gamboa ha optado por el minimalismo político: minimizar el conflicto, minimizar las quejas y, sobre todo, minimizar su propia responsabilidad. ¿Dónde quedó aquel fiscalizador implacable que se promovía como garante de la transparencia? Hoy, su inacción lo coloca más cerca de la complicidad que de la justicia administrativa.
En medio de una crisis sumida entre el juicio y el olvido, el costo político más alto lo pagará un municipio que, en su primer ejercicio de autonomía, está recibiendo una lección magistral de cómo no se debe gobernar. Si el Síndico sigue esperando que el problema se resuelva solo, terminará siendo recordado no como el mejor perfil del Ayuntamiento, sino como el hombre que miró hacia otro lado mientras San Quintín ardía.
En otro tema, parte del mensaje de la titular de Proyectos Estratégicos e Infraestructura, BRENDA VILLA, en entrevista con el noticiero 4to Poder Informativo, refiere la urgencia de iniciar los procesos para las obras del FAISMUN 2026. Para esto, es necesario que el cabildo avale los avances. Aunque las instalaciones estén tomadas, la propia Secretaria General Claudia Escamilla, podría asumir su responsabilidad con base en la necesidad e impulsar la siguiente sesión de Cabildo. Recordemos que el año pasado por unanimidad los regidores, síndico y presidenta aprobaron como recintos alternos a la sala de juntas del Centro de Gobierno, el muelle del Molino Viejo y el salón Santa Isabel, o en su caso, la confiable sesión virtual por obvia y urgente resolución.
Aunado a esto, la comunidad también espera la intervención de los regidores en la crisis actual. Mientras las manifestaciones en San Quintín cumplen un mes, la mayoría del cuerpo de regidores parece haber adoptado la estrategia del avestruz. Inaceptable que, en medio de una crisis de gobernabilidad que ya alcanzó los pasillos del Congreso con una solicitud de juicio político, los integrantes del Cabildo mantengan un silencio sepulcral.
Su función no es simplemente asistir a sesiones solemnes o levantar la mano para aprobar presupuestos; su razón de ser es fungir como el primer contrapeso al poder de la alcaldesa. Al callar ante el desorden administrativo y la falta de servicios básicos, los regidores no solo abandonan su responsabilidad política, sino que se vuelven cómplices por omisión de un caos que asfixia a la ciudadanía que dicen representar.
Desde este portal, mantenemos abiertas las puertas a los ediles que deseen pronunciarse.











































