Edición 05/2026.- En la jerga política, pocas frases son tan lapidarias como “por indicaciones superiores”. No requiere explicación técnica, no necesita métricas de desempeño y, a menudo, no admite réplica. Bajo ese manto de verticalidad absoluta, se concretó la salida de Fernando Maldonado Lamadrid de la Fiscalía Regional de San Quintín.
En medio de múltiples polémicas que impactaron al municipio, por los últimos años Maldonado Lamadrid generó renombre por su apertura mostrada en el cargo, con estadísticas que con el transcurso de los meses estabilizaban las estadísticas de incidencia delictiva, además de promover en todo momento las acciones de la Fiscal General María Elena Andrade Ramírez.
Recordemos que cuando un funcionario es removido alegando instrucciones que vienen «de arriba», el mensaje es claro: la confianza política se rompió antes que la eficiencia técnica. Si Maldonado Lamadrid hubiera fallado únicamente en sus indicadores, la narrativa oficial se habría refugiado en las estadísticas.
Sin embargo, al invocar la «indicación superior» y a pesar de pretender justificarlo como “renuncia voluntaria”, se estaría admitiendo que el despido responde a una decisión de alta política, probablemente vinculada a problemáticas locales.
Que el relevo se dé de forma abrupta sugiere que la situación en el Valle ha alcanzado un punto crítico. La «superioridad» que ordenó su salida parece haber entendido que mantener el status quo bajo el mando de Maldonado era un riesgo político mayor que el costo de un despido repentino.
El problema de las remociones por «indicación superior» es el vacío de institucionalidad que dejan a su paso. Si el Fiscal Regional no responde a procesos de evaluación transparentes, sino al humor o a la conveniencia de perfiles políticos, la justicia en San Quintín de nuevo queda sujeta a los vaivenes del poder y no al rigor de la ley.
Una de las vertientes preliminares asocia la decisión a la presidenta municipal Miriam Elizabeth Cano Núñez – quien seguramente negará los señalamientos al atribuirlo a “politiquería” – después del proceso legal en el que su hijo estuvo inmiscuido y que aún continúa desarrollándose. No sería ninguna sorpresa que aprovechando sus contactos, hubiera optado por solicitar la remoción.
De igual manera, en este panorama ha sido “secreto a voces” que diversos perfiles clave lo situaban como un aspirante con altas posibilidades de encabezar la contienda municipal en el 2027. Esto pudo ser un detonante para que demandaran su salida.
Tras esta situación, evidentemente el reemplazo de Maldonado llegará con la sombra de la «indicación superior» sobre el cuello, sabiendo que en esta administración, los resultados pesan, pero la alineación política pesa mucho más.









































